Su historia comenzó triste… y así terminó
David nació en una familia humilde en Constanza, República Dominicana. Desde muy pequeño conoció el dolor: su madre falleció cuando apenas era un niño, y quedó bajo el cuidado de su padre. Sin embargo, pocos años después, también perdió a su papá tras un infarto fulminante.
Quedó completamente solo. Esta vez, una tía se hizo cargo de él, intentando brindarle el apoyo que la vida le había arrebatado tan temprano.
Desde los 10 años, David comenzó a trabajar duro en los conucos y plantaciones de Constanza. La necesidad lo obligó a crecer antes de tiempo. A pesar de todo, tenía sueños como cualquier joven. Quería ser camionero, inspirado por los vehículos que veía recorrer su pueblo, transportando productos agrícolas desde las fincas.

Con el tiempo, decidió irse a la ciudad en busca de un mejor futuro. Allí formó una familia y tuvo hijos, entre ellos un niño de apenas 10 años, por quien trabajaba sin descanso, dando todo de sí para sacarlos adelante.
Pero el destino le tenía preparada una tragedia.
El pasado viernes, mientras conducía un camión recolector de basura en Santiago de los Caballeros, tuvo un altercado con un motorista. La situación se tornó tensa rápidamente. Al notar que otras personas se acercaban con intenciones agresivas, David decidió subir al camión e intentar escapar.
Desesperado, condujo tratando de huir de un grupo de motoristas enfurecidos que lo perseguían sin tregua. En medio del miedo, se detuvo frente a un destacamento policial, buscando ayuda.

“Me vienen siguiendo, me quieren matar”, gritaba.
Pero nadie salió.
Sin recibir auxilio, continuó su huida hasta el parqueo de la fiscalía. Allí abandonó el camión e intentó correr, pero resultó herido. Aun así, siguió avanzando, sujetándose una pierna, hasta desplomarse en la puerta de la fiscalía.
Mientras su vida se apagaba, algunos observaban… pero no para ayudar, sino para grabar. Como si se tratara de una escena ficticia, de una película cruel. Pero no lo era. Era David.
Un hombre de 42 años que luchaba por vivir frente a todos. El hospital estaba cerca, muy cerca… pero nadie tomó la decisión de ayudarlo a tiempo.
“Por Dios, yo no hice nada… fueron ellos… Señor Jesús, no me dejes morir”, decía entre el dolor.
Sus palabras no encontraron respuesta.
Y así llegó el final. Cuatro niños quedaron huérfanos.
Y una sociedad entera quedó marcada por la vergüenza y el dolor.
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